ESTADOS UNIDOS | EVANGELIO GLOBAL | 3 DE NOVIEMBRE DE 2026. En las puertas de los centros electorales, millones de estadounidenses toman decisiones que pueden alterar el equilibrio político del país. Pero hay una pregunta que trasciende los partidos: ¿cómo votan quienes comparten una misma fe y, sin embargo, discrepan profundamente sobre qué exige esa fe en la vida pública? En las elecciones de medio mandato, la diversidad del voto cristiano vuelve a ocupar el centro del debate.
El titular de esta jornada no es que los cristianos hayan elegido un único camino. Es precisamente lo contrario: bajo la palabra «cristianos» conviven tradiciones, comunidades, experiencias migratorias y prioridades sociales distintas. Los estudios recientes permiten observar esas diferencias sin convertirlas en caricaturas.
El dato que marca la diferencia: 73 % entre evangélicos blancos
Una encuesta del Pew Research Center, publicada el 13 de octubre, encontró que el 73 % de los protestantes evangélicos blancos inscritos para votar prefería al candidato republicano de su distrito para la Cámara de Representantes; el 12 % se inclinaba por el demócrata. El resto expresó otras preferencias o incertidumbre. Es importante precisar que estos porcentajes reflejan intención de voto antes de las elecciones, no el resultado de las urnas.
El sondeo se realizó del 28 de septiembre al 4 de octubre entre 5.062 adultos estadounidenses, incluidos 3.917 votantes registrados. También mostró que el comportamiento de otros grupos religiosos difiere considerablemente: entre los protestantes negros registrados, el 74 % prefería a candidatos demócratas y el 6 % a republicanos. En otras palabras, hablar de «el voto cristiano» como si fuera un bloque homogéneo oculta una realidad mucho más compleja.
Los evangélicos latinos: entre convicciones y preocupaciones cotidianas
La comunidad evangélica latina representa uno de los segmentos más observados de esta elección. Un reportaje de Christianity Today publicado el 2 de noviembre describe a creyentes que se sienten políticamente divididos: mantienen posturas conservadoras sobre asuntos familiares y morales, pero expresan preocupación por las medidas migratorias, la economía y las consecuencias de las deportaciones en sus congregaciones.
La investigación cita al pastor jubilado William Rodríguez, dirigente de las Asambleas de Dios que supervisa centenares de iglesias, muchas de habla hispana, en el sur de California. Según su testimonio, algunas congregaciones han experimentado el impacto directo de las detenciones y deportaciones. Son declaraciones atribuidas a este dirigente, no una afirmación de que todas las iglesias latinas hayan vivido la misma situación.
El mismo artículo recoge una encuesta del Public Religion Research Institute realizada entre agosto y septiembre: entre protestantes hispanos, el 44 % expresaba preferencia republicana para las elecciones de medio mandato y el 35 %, demócrata. Una proporción relevante seguía sin decidirse. Esta medición corresponde a otro estudio y otra población: no debe confundirse con el 73 % referido a evangélicos blancos.
¿Por qué dos cristianos pueden votar de manera diferente?
Las prioridades no son idénticas. Algunos creyentes consideran decisivas cuestiones como el aborto, la libertad religiosa o los derechos de los padres en la educación. Otros ponen el acento en la protección de los inmigrantes, el acceso a la atención sanitaria, la pobreza o el uso responsable del poder. Y muchos intentan ponderar varios de esos asuntos a la vez.
La división no es una hipótesis abstracta. Un reportaje de The Guardian publicado este 3 de noviembre presenta testimonios de cristianos del estado de Washington con posturas contrapuestas sobre el papel de la religión en la política. Compartir la fe no elimina las diferencias de interpretación ni de experiencia.
Una guía cristiana que invita a mirar más allá de las siglas
Entre las respuestas a esa tensión figura una guía electoral de la National Latino Evangelical Coalition, citada por Christianity Today, que propone examinar el carácter de los candidatos, su responsabilidad en el ejercicio del poder y las consecuencias de sus decisiones para el prójimo. El planteamiento no identifica automáticamente la fidelidad cristiana con una candidatura o partido.
Desde una perspectiva bíblica, este debate también invita a reflexionar sobre Miqueas 6:8, que habla de practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente ante Dios. Esa referencia expresa una reflexión de Evangelio Global: no es una prueba de que la Biblia respalde a un partido ni una interpretación atribuible a los investigadores citados.
Qué está en juego y qué todavía no sabemos
Este martes se celebran elecciones de medio mandato que renovarán la Cámara de Representantes y parte del Senado, además de numerosos cargos estatales y locales. El resultado puede cambiar el equilibrio del Congreso y condicionar la segunda mitad del mandato presidencial de Donald Trump. Pero la participación efectiva de cada comunidad religiosa y su impacto definitivo solo podrán evaluarse con resultados y estudios posteriores a la votación.
Por eso, una encuesta de octubre no permite afirmar quién «ganó» el voto evangélico el 3 de noviembre. Tampoco basta para atribuir a la religión, por sí sola, el desenlace de una contienda: intervienen la economía, la participación, los candidatos locales y otros factores.
La pregunta que permanece después de votar
Cuando se cierren las urnas, las cifras revelarán ganadores y perdedores políticos. Para las iglesias, sin embargo, permanecerá una cuestión de mayor duración: ¿cómo sostener la convivencia entre creyentes que no votaron igual? La diversidad documentada en estas elecciones recuerda que la identidad cristiana no puede reducirse a una papeleta. La fe compartida no borra las diferencias políticas, pero sí abre una conversación sobre respeto, conciencia y responsabilidad pública.
Fuentes consultadas
Imagen destacada: ilustración editorial creada para Evangelio Global. No representa un centro electoral real ni documenta votantes específicos del 3 de noviembre de 2026.
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